15 minutos de fama en Hong Kong

Ariel y Celeste en la televisión en Hong Kong

Era un día más en la bochornosa realidad de Hong Kong. El calor agobiante y una humedad irreal castigaban a las millones de personas que se desplazaban en la primera hora de la mañana hacia sus responsabilidades. Mientras tanto, nosotros nos dirigíamos a uno de los días más bizarros y memorable de nuestro paso por esta metrópoli asiática: Íbamos a filmar un capitulo en un programa de televisión local.

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A continuación va el capitulo en el que participamos, dividido en dos partes: una corta donde nos “encuentran” y otra del programa en sí. ¡Recuerden activar los subtitulos! Después de los videos viene el relato del día, de cómo terminamos ahí y de todo lo que fuimos haciendo (por si entre tantos efectos de sonido y letras chinas no se entiende).

¿Cómo terminamos participando de un programa de televisión en Hong Kong? La realidad es que fue una simple casualidad. Unas semanas antes de visitar la ciudad, nos encontrábamos trabajando en Kyoto – Japón cuando, mientras mataba el tiempo mirando Instagram, vi un anuncio que decía “Free Tour in Hong Kong”.

Sólo decía que si estabas en la ciudad entre tal y tal fecha y te interesaba participar en un tour gratuito por el lado local de la ciudad, les escribieras. Al coincidir con las fechas que anunciaban, los contacte. Resulta que el anuncio era de la nueva cadena televisiva más popular de Hong Kong, ViuTV, y que buscaban extranjeros para un programa que estaban grabando.

El programa, llamado Sudden Tour (tour imprevisto), consistía en llevar a un grupo de extranjeros a lugares de Hong Kong a los que los turistas normalmente no llegarían.

Hay una víbora en mi sopa

Nos encontramos con los productores, camarógrafos, con la conductora del programa y con los otros 3 turistas en la estación de Prince Edward. Afuera de la estación nos esperaba una camioneta. Una vez arriba, nos explicaron que nos llevarían a dos lugares “sorpresa” durante el día, uno a la mañana y uno a la tarde.

Rompimos el hielo con la cámara contando quienes somos y de dónde venimos, qué hacíamos en Hong Kong. Lo mismo hicieron los otros dos jóvenes, él de Alemania y ella de Finlandia. La señora más grande, de Nueva Zelanda, ya había participado del programa el día anterior, por lo que ésta vez acompañaba a la conductora en calidad de “guía”.

Llegamos a destino sin salir de la zona de Kowloon. Nada más bajar empezó la filmación del programa en sí. Nos hicieron ponernos unos antifaces para que no podamos ver a donde nos metíamos, y aunque era fácil espiar por abajo, realmente no teníamos idea de qué nos esperaba en el primer lugar.

Ya sentados en una mesa rodeados de un abundante olor a madera húmeda, nos quitamos los antifaces para encontrarnos cara a cara con una víbora viva sostenida firmemente en las manos de un anciano a centímetros de nuestras caras.


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El consumo de víboras como alimento es muy tradicional en la cultura hongkonesa y es algo que los extranjeros rara vez experimentan tan de cerca. Como pueden ver en el video, lo primero que probamos fue una bebida alcohólica preparada a base de los jugos gástricos del hígado de la víbora.

La mano experta del anciano, que llevaba entonces trabajando en el local unos 60 años, manejaba el fino cuchillo con una destreza impresionante. La bebida, en todo caso, resulto tan fuerte que era difícil distinguir si tenía un gusto especial.

A continuación nos sirvieron una sopa de víbora, un plato mucho más rico e interesante. El sabor no se alejaba demasiado del de cualquier sopa de pollo bien condimentada. A pesar de que a los demás les impresionaba un poco pensar que estaban comiendo una víbora, yo realmente disfrute la comida.

Lo verdaderamente impresionante, en mi opinión, fue la velocidad con la que el hombre mato a la víbora (cascándole la cabeza con una pinza) y la despellejo. No pudo haber tardado más que medio minuto. Como yapa el señor accedió, antes de que nos fuésemos, a mostrarme el contenido de los cajoncitos que completaban la pared del antiguo local.

Por supuesto, eran cientos y cientos de víboras.

De allí nos fuimos al centro de Kowloon a comer en un restaurante local al estilo de Hong Kong más tradicional. Una mesa redonda con una superficie giratoria en el centro, tazas de té y teteras para lavar los palillos y la cuchara que nos servirán de cubiertos y una cantidad de comida astronómica (como en cualquier almuerzo chino).

De allí nos fuimos al Tsim Sha Tsui Promenade (la costanera de Kowloon) a filmar cómo supuestamente la conductora, junto con la señora de Nueva Zelanda, nos encontraron en la calle. Ésta fue tal vez la parte más divertida del día porque tuvimos que actuar, cosa en la que (sobre todo personalmente) somos malísimos. Ustedes dirán si se nota o no en el video.

En Hong Kong el pulso lo dice todo

La siguiente parada en el tour nos llevó a un edificio de 20 pisos. Nos hicieron esperar un rato largo en la recepción, en donde nos entretuvimos especulando sobre qué es lo que nos esperaba a continuación a partir de un tablero que anunciaba las distintas oficinas y consultorios que allí se encontraban.

Finalmente nos hicieron subir. Entramos en el consultorio de una doctora especializada en medicina china tradicional. Nos hizo pasar uno por uno (yo entré con Celeste) y nos fue “leyendo el pulso”, en base a lo cual, sumado a unas cuantas preguntas, dictamino nuestras dolencias o deficiencias.

A continuación eligió cuatro tratamientos tradicionales y nos los fue administrando a cada uno según lo que nos hacía falta. Esto fue sumamente interesante, porque definitivamente jamás hubiésemos pagado por hacerlo así que nunca lo hubiésemos hecho de no ser por el programa.

Mi tratamiento, el primero del grupo, consistió en pasarme un peine de piedra por la cabeza y la espalda para estimular la circulación de la sangre. Donde se empezaron a formar hematomas es donde más sangre tenía acumulada. La sensación era de relajación, como cuando te hacen masajes y sentís que “desatan” un nudo o una contractura en la espalda.

El de Celeste, el último del grupo, fue mucho menos exótico (en realidad le hubiese tocado acupuntura pero se negó en redondo a que la pinchen). La doctora preparo un té especial con una buena cantidad de ingredientes extraños.

Terminamos el día filmando unas escenas en el Ladies Market, un lugar ya mucho más turístico. Lo gracioso fue que la gente al ver las cámaras como nos seguían pensaba que éramos famosos, y se armó todo un círculo de “espectadores” mientras grabábamos los mensajes de despedida y de agradecimiento para cerrar el programa.

La experiencia fue increíble, un día absolutamente inolvidable vivido en el corazón de una ciudad que nos atrapo a cada paso.


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