Tristeza en el canal de Kiel

El ferry que cruza el canal de Kiel

Si estás triste, no escribas que estás triste: escribí que llovía. La lluvia para mí nunca fue tristeza: fue anarquía, o caos. Andar en bicicleta bajo un aguacero me acelera el corazón y me da ganas de gritar de felicidad, o de adrenalina. Pero ese día la lluvia me tironeó de las patas y me hundió. Cruzábamos el canal de Kiel, que separa Dinamarca de Alemania. Quizás no fue la lluvia, quizás fue saber que era la última vez que lo cruzábamos. Quizás era un adelanto de la nostalgia por el continente que dejábamos después de tantos años. O quizás no. Por ahí la tristeza es como la tierra debajo de la cama, que se acumula y se acumula hasta que un día nos damos cuenta que está ahí y nos toca lidiar con ella.  

Ese día, mientras cruzábamos, escribí en mi cuaderno de notas:

Barcos como cascaras vacías que flotan solas, olvidadas como almas viejas del mar. Los grises se difuminan, se unen, se aparean en una orgia de agua: lluvia, mar, espuma, niebla, horizonte. ¿Avanzamos o retrocedemos? Gaviotas que buscan comida en un mundo cada vez más vacío. Un eco de una iglesia se adivina entre la niebla. La delata esa torre y esos techos de tejas. Una boya fija que es vecindad de unos pájaros negros, o grises.

Los recuerdos de una vida pueden durar unos minutos.

El mar agitado es como arrugado, como con interferencias. Es caos.

Dos fábricas de nubes grises escupen su producto que flota más alto que las gaviotas y se fusiona con el techo encapotado del mundo, y el mar gris es el espejo del cielo y también de algunos ánimos. El olor frio y salado del mar despierta a ese Ariel que iba a barrenar a las seis de la mañana porque las olas eran más grandes, al que no dejaba de trepar hasta que se caía, ese que tenía la cabeza más dura que la realidad y su forma brutal de corregir a los soñadores que se olvidaban que el fuego quema y que de noche hace más frío.

Pasamos un barco igual al nuestro, mismas chimeneas, misma base blanca, mismas ventanitas anónimas escondiendo alguna cara y muchos reversos de celulares y de computadoras.

A lo lejos decora el horizonte la sombra de otro barco, parece un carguero por la forma. Parece vacío. Parezco vacío.

La baranda del ferry y el mar gris
La baranda del ferry y el mar gris

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